-me considero valiente.
-¿qué tan valiente?
-lo suficiente para no temer. y ¿tú? ¿tú a que temes?
-a la inocencia corrupta, al llanto frenado y a una garganta muda.
-sin tanto rodeo, habla más claro.
-le temo a la perdida de mis impulsos primarios, a aquellos que me hacen, al igual que cuando fui infante, observar por horas el transito de un caracol, preguntándome ¿a dónde va? ¿de dónde viene? ¿qué es? ¿por qué es así?
-le temes a crecer.
-no, le temo a dejarme cambiar siguiendo algún concepto vacío engendrado por la sociedad, diario crezco, crecen mi uñas, mi cabello; realmente no es crecer o madurar lo que necesita el hombre, necesitamos preguntarnos más por lo que sucede, dime ¿cuándo es que el mundo llego a concebir la ultima palabra sobre un tema? ¿no es así como se inician las guerras, por asegurar saber la verdad, poseerla cual objeto vulgar? A veces quisiera que tan sólo se dejara de lado el caprichoso deseo de querer encerrar algo dentro de palabras, conceptos, términos, y por un instante observarlo, apreciarlo, intentar entenderlo por lo que es y no por lo que queremos o creemos que es.
-entonces ¿temes a el arrastre sin rostro de la sociedad?
-no, le temo al "mañana".
Emmanuel "Tecolote" Gómez Montero.
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