jueves, 27 de marzo de 2014

El guía.

No podía conseguir la fotografía de aquel escurridizo lagomorpho, llevaba ya 3 semanas sin conseguir si quiera volverlo a ver; la primer, y última, vez que lo vi, me hipnotizó ese blanco casi pulcro de su pelaje, pero por el momento ¡nada!, no le veía, después de un buen rato dejé de darle tanta importancia, me senté y apagué la cámara, entonces apareció frente a mí y dijo -Es hora, por fin entendiste, vayámonos- Lo seguí y llegamos a la laguna de cristal.

Alicia y la luna.

Ella despertó, y él ya no estaba, tomo el sostén rojo y se lo puso, atravesó la puerta y lo vio en el sofá -medio muerto, medio loco- no lo culpaba, después de todo cumplió su promesa de que esa sería "la última noche", precisamente en noche de luna llena.

Caminos.

Si el pensamiento algo me ha aportado hasta ahora es el saber tres cosas: Mi madre no es tan santa y no es libre de cometer faltas, mi padre no es el diablo, y yo no soy él único ser en donde gira el universo. Parecen ser tres razonamientos muy sencillos, e incluso podrían tomarme por estúpido al reproducir ésta idea, pero no muchos aceptan estas premisas, piensan que el mundo es perfecto y con algún sentido, ya que se sienten refugiados en el ceno materno, tanto como se sienten unos guerreros fieros de su antagonista (el padre) y los protagonistas de la vida, es incluso enfermo si se le piensa bien.
No queda más que corromper los principios que adormecen nuestra potencialidad, incluso si eso significa fragmentarnos.