viernes, 30 de mayo de 2014

Palabras que penetran hasta el hueso.

                                                            I

Las mejores cátedras se dictan en cualquier Bar o cantina, ahí las almas tristes, libres y sabias van a intentar salvar la conciencia de un mundo que les escupe en la cara, esto siempre lo pensé en vida y lo reafirmo ahora en la muerte.

Hay pocas cosas que se pueden disfrutar verdaderamente aquí en el infierno, una de ellas son las bebidas espirituosas, ¿por que?... jeje ¡Vaya!, ¿qué mejor que sentir vigor en el espíritu cuando ya se está muerto?, Esa era la razón por la que el bar "Tanatos" estaba siempre a reventar, y por la cual nunca salía de ahí; siempre me ha dado por buscar conversación con personajes importantes, ya fuese Jiornano Bruno o el tipo que se suicidó la semana pasada.

En una ocasión me acerqué a la barra y la figura de un alto y delgaducho ente me tomó por sorpresa, ya un par de veces lo había encontrado con la mirada al registrar el bar en busca de parroquianos interesantes, siempre sentado en la barra, callado, solo, y con una melancólica mirada clavada en el vaso, eso despertaba mi curiosidad, pero el mismo par de veces que decidí acercarme a él ya no lo hallaba al llegar a la barra. Esa ocasión fue un tiro de suerte, pues no había notado su presencia sino hasta que su voz me sacó de mis cavilaciones.

-Hola buen amigo, todos dicen que eres un gran conversador, interesante y afable al momento de hablar, como callado y humilde al momento de escuchar, dime ¿Te gustaría escuchar una historia?-

-Claro, sería un honor compañero- Respondí algo atónito por la abrupta manera en que me abordó.

-Todo comenzó al inicio de los tiempos, cuando los dioses se decidieron por tomar el rumbo de la humanidad en sus manos...-

El hombre, una de las mejores creaciones de las divinidades, vivía en armonía en el estrato de la tierra, justo entre el inframundo y el Zenith.

Las deidades los adoraban, eran un proyecto de sí mismas llevado a un terreno donde pudiesen vivir con sentimientos que la mayoría de ellas no poseían, podían amar, sentir tranquilidad, paz, compasión e incluso confusión, sí, pero todos esos sentimientos se desprendía de una estancia perfecta entre la imperturbabilidad y la satisfacción que su condición divina les otorgaba; en cambio, los sentimientos del humano eran diversos y por tanto complejos, provenían de la interacción con sus iguales y principalmente de su experiencia, ya que al ser creados, y por lo tanto tener estadios de nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte, adquirían empíricamente sus conocimientos, cosa que las divinidades desconocían al ser eternas y omniscientes. Eran perfectos en su imperfección, ni uno solo se parecía, cosa que los hacía especiales.

Como dije, no todas las deidades quedaban exentas de algunos sentimientos, ya que sólo las deidades mayores tenían este inconveniente, las de menores rangos podían experimentar algunas incomodidades casi parecidas al odio y los celos, la mayoría daba por hecho su condición y no hacía mayor caso, se limitaba a sentirlas y rechazarlas en el instante, entre menos les perturbara algo mejor, pero un pequeño grupo de diosecillos conocidos como "Teofitos", por su belleza que asemejaba a la luz, tenían celos de la humanidad, celos que habían cultivado meticulosamente, en un principio por la inocente curiosidad de saber que se sentía ser humano, al tener celos podrían acercarse a esta condición, pero pronto se corrompieron y se generó el odio, odio que les cegó y llevó a querer exterminar al humano para conseguir supremacía entre las criaturas de bajo estrato.

Lo primero que hicieron fue pensar cómo exterminarlos, ellos no poseían ese poder, sólo un dios de mediana categoría era capaz de eso, dicho dios se llamaba Cronos, el se encargaba de dar muerte, vida y regeneración a todo lo que se hallaba en el estrato medio, regía las estaciones del año tanto como las estaciones de todo ser vivo, pero todo lo hacía con justicia y prudencia, ¿Cómo podría él ayudarlos? contando el hecho de que él también se contaba entre los dioses filantropos. Pronto tuvieron una idea, al ser un dios que se hallaba en contacto con el mundo natural podía éste caer en corrupción como ellos, tanto por estar desprotegido al llevar vida y muerte a los seres de la tierra como por no ser un dios mayor. Se decidieron al fin por corromperlo para así obligarlo a destruir a la humanidad, pensaron hasta el cansancio como hacer dicha proeza, no era fácil hacer que un dios abandonara su condición de imperturbabilidad, pero algo se les ocurrió, tan obsceno que aún hoy día se paga aquel error.

-Bien amigo mío, tengo que partir, pero no desesperes, pronto regresaré a contarte la historia, ya que es importante que alguien la conozca.-

Me quede sentado y mudo, sólo alcance a tocarle el hombro al extraño ente a forma de agradecimiento, pronto volverá, pensé, y ahí me quedé reflexionando lo que había escuchado, ansioso de escuchar más...

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